El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea en la cárcel, que es razón,
y aparte, porque después
con respeto a todos tres
les tomen la confesión.
[Aparte a don ÁLVARO]
Y aquí, para entre los dos
si hallo harto paño, en efeto
con muchísimo respeto
os he de ahorcar, ¡juro a Dios!
ÁLVARO: ¡Ah, villanos con poder!
Llévanle preso y vanse. Salen REBOLLEDO, la CHISPA, el ESCRIBANO y CRESPO
ESCRIBANO: Este paje, este soldado,
son los que mi cuidado
sólo ha podido prender;
que otro se puso en huida.
CRESPO: Éste el pícaro es que canta.
Con un paso de garganta
no ha de hacer otro en su vida.
REBOLLEDO: ¿Pues qué delito es, señor,
el cantar?
CRESPO: Que es virtud siento,
y tanto, que un instrumento
tengo en que cantéis mejor.
Resolveos a decir…
REBOLLEDO: ¿Qué?
CRESPO: … cuanto anoche pasó…