El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea no era bien ir a apearme
a otra parte, siendo vos
tan mi amigo.
CRESPO: ¡Guárdeos Dios!
Que siempre tratáis de honrarme.
LOPE: Vuestro hijo no ha parecido
por allá.
CRESPO: Preso sabréis
la ocasión. La que tenéis,
señor, de haberos venido,
me haced merced de contar;
que venís mortal, señor.
LOPE: La desvergüenza es mayor
que se puede imaginar.
Es el mayor desatino
que hombre ninguno intentó.
Un soldado me alcanzó
y me dijo en el camino…
¡Que estoy perdido, os confieso,
de cólera!…
CRESPO: Proseguí.
LOPE: … que un alcaldillo de aquí
al capitán tiene preso;
y, ¡voto a Dios!, no he sentido
en toda aquesta jornada
esta pierna excomulgada
si no es hoy, que me ha impedido