El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea que no te vean. Así, hija,
al punto has de retirarte
en esos desvanes, donde
yo vivía.
ISABEL: A suplicarte
me dieses esta licencia
venía yo. Sé que el estarme
aquí es estar solamente
a escuchar mil necedades.
En ese cuarto mi prima
y yo estaremos, sin que nadie
ni aun el sol mismo, no sepa
de nosotras.
CRESPO: Dios os guarde.
Juanico, quédate aquí.
Recibe a huéspedes tales,
mientras busco en el lugar
algo con qué regalarles.
Vase Pedro CRESPO
ISABEL: Vamos, Inés.
INÉS: Vamos, prima.
(Mas tengo por disparate [Aparte]
el guardar una mujer
si ella no quiere guardarse.)
Vanse ISABEL e INÉS. Salen don ÁLVARO y el SARGENTO
SARGENTO: Ésta es, señor, la casa.