El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea Éntranse y salen REBOLLEDO huyendo, e ISABEL e INÉS
REBOLLEDO: Señoras, si siempre ha sido
sagrado el que es templo, hoy
sea mi sagrado aqueste,
pues es templo del Amor.
ISABEL: ¿Quién a vos de esa manera
os obliga?
INÉS: ¿Qué ocasión
tenéis de entrar hasta aquí?
ISABEL: ¿Quién os sigue o busca?
Salen don ÁLVARO y el SARGENTO
ÁLVARO: Yo;
que tengo de dar la muerte
al pícaro, ¡vive Dios!
Si pensase…
ISABEL: Deteneos,
siquiera porque, señor,
vino a valerse de mí;
que los hombres, como vos,
han de amparar las mujeres,
si no por lo que ellas son,
porque son mujeres; que esto
basta, siendo vos quien sois.
ÁLVARO: No pudiera otro sagrado
librarle de mi furor,
sino vuestra gran belleza;