El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea por ella vida le doy.
Pero mirad, que no es bien
en tan precisa ocasión
hacer vos el homicidio,
que no queréis que haga yo.
ISABEL: Caballero, si cortés
ponéis en obligación
nuestras vidas, no zozobre
tan presto la intercesión.
Que dejéis este soldado
os suplico; pero no
que cobréis de mí la deuda
a que agradecida estoy.
ÁLVARO: No sólo vuestra hermosura
es de rara perfección,
pero vuestro entendimiento
lo es también; porque hoy en vos
alianza están jurando
hermosura y discreción.
Salen Pedro CRESPO y JUAN, con las espadas desnudas
CRESPO: ¿Cómo es eso, caballero?
¿Cuando pensó mi temor
hallaros matando a un hombre,
os hallo…
ISABEL: (¡Válgame Dios!) [Aparte]
CRESPO: … requebrando a una mujer?