El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea Muy noble sin duda sois,
pues que tan presto se os pasan
los enojos.
ÁLVARO: Quien nació
con obligaciones debe
acudir a ellas; y yo
al respeto de esta dama
suspendí todo el furor.
CRESPO: Isabel es hija mía,
y es labradora, señor,
que no dama.
JUAN: (¡Vive el cielo [Aparte]
que todo ha sido invención,
para haber entrado aquí!
Corrido en el alma estoy
de que piensen, que me engañan,
y no ha de ser.) Bien, señor
capitán, pudierais ver
con más segura atención
lo que mi padre desea
hoy serviros, para no
haberle hecho este disgusto.
CRESPO: ¿Quién os mete en eso a vos,
rapaz? ¿Que disgusto ha habido?
Si el soldado le enojó,
¿no había de ir tras él?
Mi hija os estima el favor