El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea que como músicos son
los pájaros que gorjean,
no quieren cantar de noche,
ni yo puedo hacerles fuerza.
Sentaos, pues, y divertid
esa continua dolencia.
LOPE: No podré; que es imposible,
que divertimiento tenga.
¡Válgame Dios!
CRESPO: ¡Valga, amén!
LOPE: ¡Los cielos me den paciencia!
Sentaos, Crespo.
CRESPO: Yo estoy bien.
LOPE: Sentaos.
CRESPO: Pues me dais licencia,
digo, señor, que obedezco,
aunque excusarlo pudierais.
Siéntase CRESPO
LOPE: ¿No sabéis qué he reparado?
Que ayer la cólera vuestra
os debió de enajenar
de vos.
CRESPO: Nuna me enajena
a mí de mí nada.
LOPE: Pues,
¿cómo ayer, sin que os dijera
que os sentarais, os sentasteis,