El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea me dolieron a mí entrambas.
Decidme, ¡por vida vuestra!,
cuál es y sépalo yo
porque una sola me duela.
LOPE: ¿No tengo mucha razón
de quejarme, si ha ya treinta
años que asistiendo en Flandes
al servicio de la guerra,
el invierno con la escarcha
y el verano con la fuerza
del sol, nunca descansé
y no he sabido qué sea
estar sin dolor un hora?
CRESPO: ¡Dios, señor, os dé paciencia!
LOPE: ¿Para qué la quiero yo?
CRESPO: ¡No os la dé!
LOPE: Nunca acá venga,
sino que dos mil demonios
carguen conmigo y con ella.
CRESPO: ¡Amén! Y sino lo hacen
es por no hacer cosa buena.
LOPE: ¡Jesús mil veces, Jesús!
CRESPO: Con vos y conmigo sea.
LOPE: ¡Voto a Cristo, que me muero!
CRESPO: ¡Voto a Cristo, que me pesa!
Saca JUAN la mesa
JUAN: Ya tienes la mesa aquí.