El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea SARGENTO: Haré
cuanto me quieras mandar.
Pero, ¿si acaso volviese
don Lope, y te conociese
al volver?
ÁLVARO: Ese temor
quiso también que perdiese
en esta parte mi amor;
que don Lope se ha de ir
hoy también a prevenir
todo el tercio a Guadalupe;
que todo lo dicho supe,
yéndome ahora a despedir
de él; porque ya el Rey vendrá,
que puesto en camino está.
SARGENTO: Voy, señor, a obedecerte.
ÁLVARO: Que me va la vida, advierte.
Vase el SARGENTO y salen REBOLLEDO y la CHISPA
REBOLLEDO: ¡Señor, albricias me da!
ÁLVARO: ¿De qué han de ser, Rebolledo?
REBOLLEDO: Muy bien merecerlas puedo,
pues solamente te digo…
ÁLVARO: ¿Qué?
REBOLLEDO: … que ya hay un enemigo
menos a quien tener miedo.
ÁLVARO: ¿Quién es? Dilo presto.
REBOLLEDO: Aquel