El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea todos le dieran sus hijos.
Con esto y con el dinero
que llevas para el camino,
y para hacer, en llegando
de asiento, un par de vestidos,
al amparo de don Lope
y mi bendición, yo fío
en Dios, que tengo de verte
en otro puesto. Adiós, hijo;
que me enternezco en hablarte.
JUAN: Hoy tus razones imprimo
en el corazón, adonde
vivirán, mientras yo vivo.
Dame tu mano. Y tú, hermana,
los brazos; que ya ha partido
don Lope mi señor, y es
fuerza alcanzarlo.
ISABEL: Los míos
bien quisieran detenerte.
JUAN: Prima, adiós.
INÉS: Nada te digo
con la voz, porque los ojos
hurtan a la voz su oficio.
Adiós.
CRESPO: ¡Ea, vete presto!
Que cada vez que te miro,
siento más el que te vayas,