El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea y ha de ser, porque lo he dicho.
JUAN: El cielo con todos quede.
Vase JUAN
CRESPO: El cielo vaya contigo.
ISABEL: ¡Notable crueldad has hecho!
CRESPO: Ahora, que no le miro,
hablaré más consolado.
¿Qué había de hacer conmigo
sino ser toda su vida
un holgazán, un perdido?
Váyase a servir al Rey.
ISABEL: Que de noche haya salido,
me pesa a mí.
CRESPO: Caminar
de noche por el estío,
antes es comodidad,
que fatigo; y es preciso
que a don Lope alcance luego
al instante. (Enternecido [Aparte]
me deja, cierto, el muchacho,
aunque en público me animo.)
ISABEL: Éntrate, señor, en casa.
INÉS: Pues sin soldados vivimos,
estémonos otro poco
gozando a la puerta el frío
viento que corre; que luego
saldrán por ahí los vecinos.