El Alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea y ciega e inadvertida
vengo a hacer de la inocencia
acreedora a la malicia.
¡Qué mal hice, qué mal hice
de escaparme fugitiva
de mi hermano! ¿No valiera
más que su cólera altiva
me diera la muerte, cuando
llegó a ver la suerte mía?
Llamarle quiero, que vuelva
con saña más vengativa,
y me dé muerte. Confusas
voces el eco repita,
diciendo…
Pedro CRESPO, desde dentro
CRESPO: Vuelve a matarme,
serás piadoso homicida;
que no es piedad, no, dejar
a un desdichado con vida.
ISABEL: ¿Qué voz es ésta, que mal
pronunciada y poco oída,
no se deja conocer?
CRESPO: Dadme muerte, si os obliga
ser piadosos.
ISABEL: ¡Cielos, cielos!
Otro la muerte apellida,
otro desdichado hay