La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes
El doctor Bernardo Poli, titular de Geografía, debía haber pasado fácilmente las cuatro primeras décadas de su vida. Bajo y obeso, de cara redonda y cabello que raleaba, demostraba ser un trabajador incansable, un maestro con vocación por la enseñanza, a la que se dedicaba con responsabilidad y cariño.
Explicaba continuamente tratando de llegar a la esencia misma de los hechos, analizando causas y efectos. No pedía que se recordaran de memoria extensiones, poblaciones ni estadísticas absolutas; quería convencer que la riqueza de las naciones se debía a factores determinados, siéndo innegable la incidencia de los fenómenos telúricos sobre la naturaleza y el hombre, aunque sin constituirse en factor exclusivo; que las principales fuentes de recursos eran susceptibles de influir en otros aspectos ajenos a la propia economía y las posibilidades industriales de las naciones estaban en función no sólo de la explotación de sus materias primas, sino de la capacidad de su aprovisionamiento y la voluntad y aptitud de trabajo de sus habitantes.
Estudiaba los fenómenos naturales y los humanos, enseñando con profunda dedicación.
