La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Dividía su tiempo en dos partes: una mitad dedicada a explicaciones, biografías y estudios; el resto a lectura de trozos escogidos de las literaturas española y argentina, de donde se obtuvo un elemento magnífico para bromear. Los nombres más raros sirvieron ara bautismo de director y profesores sustituyéndose sus apellidos auténticos por los Alcalí Baja, Azofaifa, Berenguela; Alí Fafez, etcétera.
Súpose una ingrata nueva: la desaparición del doctor Edmundo Rozas, Comentándose las causas de su fallecimiento, díjose que la muerte de su esposa le había provocado tan grande dolor, que ni su recio carácter lo pudo soportar,- y llegó a sus últimos años sin abandonar lo único que le quedaba: la escuela y la literatura.
Tal vez en los instantes postreros, en un momento supremo de belleza literaria aplicada a la realidad, habrá repetido por última vez los magníficos versos de Manrique:
“ Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir…”
