La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Jorge Valle, gordo sumamente simpático y chispeante, se había especializado en la aplicación de apodos, siendo de su invención los de "kid funebrero", "kid cloroformo" y otros más, como así también en el recitado de la tragedia "Filoctetes", explicada por el Dr. de Vedia en una clase de literatura griega. Comenzaba con voz natural, que paulatinamente se hacía quejumbroso y aguda y cuando llegaba al momento culminante del drama, lloraba estrepitosamente. Tal arte tenía que le insistían tenazmente en el bis y él accedía, hasta que la llegada de algún profesor cortaba su emulación de los recitadores famosos.
Otra de sus especialidades consistía en la imitación de los catedráticos. Ocupaba el sillón y preguntaba como Rosenwaser: "¿Quién trajo la ley?". O bien, levantando las tejas como Bottini, burlábase de Vázquez: "A ver ese 'David Ricardo' que no sabe nada"; y chillaba antes de que el interpelado abriera la boca: " ¡No señor, no señor, no permito que Ud. me succione la trompa de Eustaquio!".
A él dedicó Souza una de sus frases más ingeniosas: " ¡cállate, gordo alopésico!". Consultado el diccionario, todos rieron de buena gana. A Valle se le estaba cayendo el cabello, anticipándosele una hermosa calvicie para los años subsiguientes. Nadie conocía el término exacto para expresar ese estado; pero la "biblioteca ambulante" lo había definido con la palabra precisa.