La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Pero ese año no estuvo a la altura de sus antecedentes. Seleccionóse la representación atlética, que resultó excesivamente reducida, integrada por algunos alumnos de la mañana, que casi no tuvieron ocasión de intervenir, y además, Valente, en carreras de 3.000 metros, Carbajales y yo, en salto en largo y en alto, y Ariza, en lanzamiento de jabalina.
Poco antes del cotejo abandonó la casi totalidad de representantes, no satisfechos con su estado, reduciéndose la delegación a los dos de salto, pues tanto Carbajales, con más de seis metros en largo y yo, con un metro sesenta y cinco en alto, nos manteníamos cerca de los niveles máximos hasta entonces.
El torneo no había despertado interés en nuestra Escuela; pero la víspera, un sábado, no podíamos desperdiciar la ocasión de retirarnos horas antes. Aguardóse la conclusión de Taquigrafía, que nadie quería perder y fuimos a solicitar autorización de salida al sub-jefe de la planta alta. "Dr. Figueredo, dijimos en tono solemne, mañana por la mañana tendremos el honor de luchar o morir por nuestra gloriosa enseña azul y oro, la victoriosa bandera deportiva de esta casa que es nuestro segundo hogar".