La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes
En la postrimerÃas de quinto año, sentÃamos transformar nuestros pensamientos. Las cosas, los hechos, los maestros y los camaradas, se nos presentaban con un sentido diferente. CompredÃamos mejor la disciplina y la sentÃamos más suave; comprendÃamos mejor las fiestas de la escuela, que ya nos tocaban más de cerca; todo adquirÃa una dimensión diferente, un sabor más dulce. Hasta las bromas, salvo alguna excepción, llevaban el sello de un ingenio más refinado y se realizaban más Ãntimamente. A medida que el cansancio aumentaba acentuándose el deseo de concluir arraigada cada vez más hondo en nosotros, un presentimiento nostálgico para la post-escolaridad. Entre las paredes del viejo edificio se encerraba un soplo vital y el aire que en él se respiraba parecÃa impregnado de extraña sensación. Un afecto sincero hacia la institución, sus profesores y nuestros compañeros, adentrábase cada vez más profundamente en nuestros sentimientos.
La escuela nos habÃa formado técnica y culturalmente.
Concluyeron las clases el viernes 4 de noviembre de 1932.
Para lograr que nos despidiera Figueredo se organizó una comisión de honor y, apenas hallado, lo llevaron al aula casi a la rastra.
