La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Conocedor de su materia y bueno pedagogo, lograba que sus clases se siguieran con interés; dedicado a la enseñanza con entusiasmo y capacidad, su compañerismo con los estudiantes le permitió granjearse fácilmente su cariño.
El Dr. Udaquiola Vidal daba la impresión, a primera vista, de ser más apto para enseñar lucha grecorromana que castellano. Abogado joven, corpulento, macizo, de cabellos muy negros, ojos grandes, algo inquieto, marchaba erguido como si estuviera en un desfile. A pesar de su porte de luchador, tenía buen carácter. Le gustaba narrar las peripecias de su juventud y se enorgullecía con sus travesuras de muchacho. "Vean -decía-, en diecisiete años que soy profesor, no he oído un chiste bueno; los estudiantes de hoy son unos pavotes; y los profesores más todavía".
El relato de sus heroicas aventuras dio origen a que en una ocasión se esperase su llegada con un dibujo en el pizarrón: era un enorme dirigible con la inscripción "Graff Udaquiola".
Por supuesto, disimuló el disgusto que le causó la broma, principalmente por lo que había dicho de los estudiantes; supo ser buen perdedor.
