La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Le gustaba alarmar a la gente. Vivíamos, entonces, en un segundo piso, en Corrientes al 2123; la planta baja del edificio la ocupaba una firma textil ' Glikin y Zaretsky. Terés se paraba frente al negocio y gritaba: "Don Zaretsky: se le quema la casa".
Formaba dúo inseparable con otro camarada de muy distinto carácter: Alfonso Doce, un morocho de mediana estatura, ingenioso, más contraído al estudio y cuyo nombre y apellido, aunque eran auténticos, nadie los creía. Su manía de escribir en el pizarrón frases chispeantes, versos, parodias o sentencias cómicas, lo convirtió en el anunciador oficial. Glosaba hechos del momento político o escolar o avisos comerciales famosos, entre los cuales ocupaba preferente lugar el de un conocido laxante, cuyo texto había adaptado al ambiente: "Hermanos Caletti: uno refresca, dos purgan, tres indigestan, cuatro ‘revientan’ ”.
Hubo cambio de horarios, disminuyéndose una hora los viernes y aumentándose otro tanto los sábados. Resultó así la salida diaria las veintitrés, excepto viernes, a las 21.45.
