Quicksilver
Quicksilver La historia inicia en medio del caos: Saeris es capturada por un Guardián del Centro mientras intenta escabullirse con un lingote robado. La armadura del hombre brilla como una sentencia y su guantelete, hecho de oro trenzado, podrÃa alimentar a su familia por meses. —Nombre. Edad. Distrito —le exige mientras la asfixia con brutalidad ritual. Saeris, con el oxÃgeno agotándose, responde entre dientes —¿Cómo voy a decirte... algo... si no... puedo... respirar, joder?
Finge estar enferma. Finge tener la peste. En Zilvaren, eso es suficiente para infundir miedo incluso en los soldados más curtidos. Y en un instante de caos, le arrebata el guantelete al Guardián y corre. Trepa una muralla de cincuenta metros, con el sol horadándole la espalda, mientras el metal robado tiembla, vibra, como si estuviera vivo. En lo alto del muro, el guantelete reacciona: partÃculas de cuarzo flotan, susurran. Ella nos ve. Ella nos siente. Ella…
Pero Saeris no escucha. Solo sabe que no puede rendirse. No con su hermano menor, Hayden, esperándola. No con la esperanza colgando de ese artefacto. Escapa, por ahora.
