En la sangre
En la sangre Y nombres propios, nombres y apellidos, ecos recogidos por él en su niñez, cuentos de cocinera comadreando en los mercados, enredos de la chusma de servicio, en las casas donde había tenido entrada la madre en otros tiempos, chismes de criados repetidos por aquella, de noche, en sus conversaciones con el viejo y que él oía; lo que sabía más tarde, lo que se susurraba en las aulas, lo que de sus casas, de sus familias, de sus madres, de sus hermanas murmuraban, unos de otros, entre sí los estudiantes, toda la baja y ruin maledicencia, la moneda corriente de la chismografía callejera, fue como en arcadas saliendo de su boca, como chorros de veneno fue vomitada por él.
Y querían ser aristocracia, y lo habían echado a la calle... repetía... Bendito Dios... ¡no arder la casa con todos ellos adentro!...