En la sangre
En la sangre
Veraneaba la familia de Máxima en una quinta de los contornos de Belgrano.
Al caer la tarde de uno de esos dÃas sofocantes de diciembre, bajo el corredor, al este, hallábase reunida la joven con sus padres; respiraban en una tregua del calor barrido por la brisa fresca de la virazón.
Una nube espesa de polvo, al pie de la barranca, tras del cerco de cañas del camino, como si hubiese parado allà el carruaje que la levantaba, empezó poco a poco a disiparse.
Y, momentos después, en efecto, un hombre aparecÃa, penetraba con paso incierto y cauteloso, como pisando en vedado, tendÃa el cuello, paseaba la mirada, se detenÃa, de nuevo volvÃa a avanzar, subÃa, se aproximaba, siguiendo las eses de una senda, sugiriendo vagamente en su ademán, en su andar, la idea del andar escurridizo de las culebras.
Notando de pronto la presencia de los habitantes de la casa, ocultos hasta entonces a su vista por las plantas del jardÃn:
