En la sangre
En la sangre Una baba espumosa y negra brotaba de sus labios contraÃdos por el rictus de la muerte, chorreaba a lo largo de su barba. HabÃa metido el brazo debajo de la almohada, sacaba la mano más allá, tenÃa, en la crispatura de sus dedos, apretada la llave del cajón del mostrador. Una punta de la sábana enredada entre las piernas del difunto, colgaba por un costado hasta rozar el piso de ladrillos.
En un ángulo del suelo, sobre un colchón, dormÃa Genaro.
Arrancado al sueño que lo embargaba, a ese sueño sin sueños de la infancia, lentamente desperezándose, restregose los ojos, se incorporó.
Aturdido, embotado aún su cerebro, paseaba en torno suyo una mirada estúpida de asombro. ¿Qué significaba la presencia de aquella gente, de dónde habÃan salido, por qué estaban allÃ, qué hacÃan en su casa todos esos?
Acababa de desprenderse de los otros un intruso, habÃase acercado al muerto y curioso, entrometido, lo palpaba, lo movÃa:
-¡Al ñudo es que lo sacuda... no, no... no va a comer más pan ése! -meneando la cabeza declaró en tono sentencioso el moreno vigilante.
Dio un grito Genaro entonces, un grito agudo al comprender, y soltó el llanto.