En la sangre
En la sangre
Corrió un mes; se lo había dicho: inútilmente, era vano obstinarse, esperar aún, seguir haciéndose ilusiones, había preguntado, lo había consultado con un médico amigo suyo, todo el cuadro de síntomas de la preñez se presentaba, era indudable, evidente que, estaba ella embarazada.
La situación se agravaba entretanto, bien pronto le sería imposible disimularla a los ojos de la madre, del padre; para ante la familia, para ante el público mismo, ¿cómo más tarde, de qué manera ocultarla si salía de cuidado antes del tiempo?
Un mes... dos meses... todavía, era más fácil eso, podían decir que había nacido a los siete el chiquilín, podían, yendo a residir temporalmente en la campaña, en una de las estancias del padre, retardar, ocultar la fecha verdadera del nacimiento.
Pero que se resolviese ella de una vez, cada día, cada hora que pasaba, era un tiempo precioso que perdía. No por él, personalmente a él, qué se le daba... ¡era hombre él!... por ella, por su hijo, en nombre de su reputación comprometida, en el interés de la pobre, de la inocente criatura era que hablaba, que encarecidamente le suplicaba.
