En la sangre
En la sangre
Recibió Máxima, dÃas después, la visita de un hermano de su padre. Deseaba verla, hablarle en reserva de algo serio que habÃa llegado a su noticia y que, en su carácter de tÃo y dado el cariño que le profesaba, creÃa de su deber no dejar pasar en silencio... porque, en fin, era mujer ella, una mujer joven, una niña sin experiencia y no siempre podÃa hallarse por lo mismo en situación de apreciar bien, de pesar con madurez las consecuencias de sus actos en la vida.
Se trataba de su marido. Un amigo, miembro del Directorio del Banco, habÃasele acercado y lo habÃa impuesto a él de los asuntos de Genaro. DebÃa éste en plaza fuertes cantidades de dinero; era de pública voz que, habiéndose lanzado en las pasadas especulaciones de tierras, la crisis producida le ocasionaba pérdidas enormes, se hablaba de él, del mal estado de sus negocios, de su crÃtica y precaria posición, como de una cosa notoria, sabida y averiguada; por todas partes se aseguraba en suma que era un hombre completamente arruinado.
Agregaba la persona en cuestión, que numerosas letras y pagarés, entre otros uno de data reciente y treinta mil fuertes de valor, circulaba con su nombre, el de Máxima, llevaba como garantÃa su firma al pie.
