En la sangre
En la sangre
Esos arranques violentos, hijos de un estado de nervioso eretismo provocado por la misma constante exacerbación de su moral, no tardaban luego en dar lugar a momentos de intolerable hastío, de desaliento profundo en el ánimo de Genaro.
¿Por qué obstinarse, a qué luchar, querer dar cima a una tarea ímproba, ardua, para la cual no había nacido, inapropiada a la medida de sus fuerzas, superior al paciente empeño de su voluntad? solía decirse, cuando en medio del tumultuoso desbande de sus condiscípulos, tristemente, al salir de clase, alejábase cabizbajo y sólo él, llevando en el alma un desencanto más, apurando la hiel de alguna nueva decepción.
Llamado a hacer la exposición del tema, obligado a tomar parte en su debate, comprometido a pesar suyo en una réplica, habíase visto, habíase sentido poco a poco vacilar, enredarse, perder pie en la discusión, dominado por un creciente aturdimiento, el espíritu suspenso en un extraño e inexplicable torpor, como reatado y preso, como aferrado en su vuelo por una mano brutal.
