Música sentimental
Música sentimental SabÃa ésta todo, por supuesto; me lo confesó al poco andar:
—Te prohÃbo terminantemente —le dije— que hagas otra cosa tú que meterte en un zapato y taparte con otro, ¿me entiendes? Las polleras están de más en estas cosas.
—¡Después de lo que he hecho yo, qué más puedo hacer ahora que desesperarme y llorar y rogar a Dios por Pablo!
—¿Rogar? Convenido, todo lo que quieras, cuanto credo y padre nuestro se te ocurra; eso no perjudica a nadie, al contrario. Pero, lo que es salir del terreno abstracto, ingerirte en el asunto y tratar de impedir directamente o indirectamente el duelo, si es que duelo ha de haber, ni se te ponga.
—¿Impedir yo el duelo? Jamás. Pablo debe batirse y Pablo se batirá. No seré yo quien lo estorbe.
Ante esta respuesta de hombre, cuando esperaba una salida de gallo criollo, sorprendido y empeñado, por lo mismo, en despejar la incógnita, en resolver el problema que tenÃa por delante, problema vivo, encarnado en una mujer y, lo que es más, en una mujer perdida:
