Música sentimental
Música sentimental Pocos dÃas después, recibà la visita de Pablo:
—Vine anoche —me dijo— y mi primera salida ha sido para usted. El deseo de saludarlo, primero, y luego, no se lo quiero ocultar, me trae también un sentimiento mezquino de egoÃsmo. Ando literalmente boleado. El ruido, la confusión, la gente, el tumultuoso vaivén de este maremagnum, me han aturdido hasta azonzarme. No sé qué rumbo agarrar y tengo miedo de enderezar por donde no es comida. Estoy, en una palabra, hecho un bodoque arribeño que sueltan, como nuevo en Buenos Aires. En tan fieros aprietos, vengo a pedir a usted, hombre práctico, que me tienda una mano protectora, que me haga el servicio de endilgarme en este infierno.
—Es decir que pretende usted poner a contribución mis conocimientos en el ramo, ¿no es asÃ? ¿Quiere que lo ciceronee? No veo en ello inconveniente. Y para probarle toda mi buena voluntad, entro inmediatamente en funciones. Desde luego, mi buen señor, tiene usted una figura imposible: zapaterÃa de Fabre, sastrerÃa de Bazille, sombrererÃa de Gire —agregué, hurgándolo de la cabeza a los pies—. Muy correcto en Buenos Aires; pero aquÃ, donde uno es siempre lo que parece, no cuela, raya con eso… y si pretende hacer camino, es de necesidad urgentÃsima que se mande cambiar de forro cuanto antes.
