Música sentimental
Música sentimental No se lo hizo decir dos veces. Asà que hubo salido de manos de los referidos industriales, el joven Pablo se me presentó pelechado.
Su individuo trasudaba, es cierto, un quién sabe qué a flamante, un falso aire de tienda de tapicero o casa recién puesta. Dorados y barnices que están diciendo a gritos: aquà hay plata, pero falta el roce del uso que deslustra, las arrugas de la costumbre que quitan el olor a parvenu.
La verdad, no obstante, sin pretender pedir peras al olmo, es que estaba confesable:
—¿Por dónde empezamos?
—Por esto.
Y tomando una pluma, escribÃ:
Loulou:
Te mando un coupon de avant-scène para esta noche en el Palais Royal.
Lleva contigo a Blanca, p. ej.
A mi vez, estaré yo en la orquesta con uno de mis paisanos.
Iremos después al cabaret, etc.
TUYO.
«Madame L. de Préville —puse en el sobre—, rue de Delaborde, 4».
