Música sentimental
Música sentimental La fiebre no tardó en declararse, acompañada de accesos de delirio que duraron gran parte de la noche y cuyas violentas explosiones eran cortadas, de pronto, por momentos de postración profunda, en que la vida entera de Pablo parecía consumirse al soplo ardiente que lo abrazaba.
Eran esas calmas pesadas y sofocantes de las noches de tormenta, el estallido salvaje del trueno en medio del inquieto y agitado silencio de la naturaleza enferma, devorada de fiebre ella también.
Los hechos que acababan de labrar un hondo surco en la existencia de aquel hombre, deformados por el prisma de una imaginación calenturienta, se agolpaban en tropel a su cabeza.
Acariciaba el espléndido cuerpo desnudo de la adúltera, cubría de besos sus senos palpitantes, chupaba la fresca pulpa de sus labios, aspiraba el perfume de leche de su boca y ebrio, delirante, la apretaba más y más contra su cuerpo, sintiéndola vibrar como una cuerda entre sus brazos, cimbrarse toda entera en un infinito espasmo carnal.
