Música sentimental
Música sentimental Y la idea de la posesión de la condesa volvÃa otra vez a apoderarse de su mente y las mismas lúbricas imágenes poblaban el vaivén exaltado de sus recuerdos, fantásticas, vagas, fugitivas, como las nubes doradas de una puesta de sol cayendo sobre la superficie cambiante de las aguas.
Después, eran los súbitos terrores, las bruscas apariciones de muertos, la sangre saltando a chorros de heridas anchas y profundas con un ruido áspero de fuelle, como la lluvia de ascuas de una fragua, azotándole las carnes, dejando en su cuerpo acribillado la insoportable sensación de ardor de otras tantas intensas quemaduras.
Entonces, entre calofrÃos de pánico, sentÃa subir una opresión. Era una mano implacable apretándole el pescuezo, hundiéndole sus dedos de fierro en la garganta, lo ahogaba, lo sofocaba, le reventaba las venas…
Y un ronquido de estertor cortaba su resuello pesado y afanoso, mientras clavado por la inacción de sus músculos, cuya parálisis se extendÃa ahora a toda la pierna derecha, se agitaba desesperado por saltar fuera del lecho, arqueando el cuerpo en bruscos retortijones de serpiente que tiene aplastada la cabeza.