Música sentimental
Música sentimental Loulou y yo habÃamos corrido junto a él; lo tomamos de los brazos; tratábamos de impedir sus movimientos para evitar un accidente en la herida.
Me miró. En su vista seca y abrasada asomó un rayo de razón:
—Me parecÃa como que me caminaban bichos por la pierna —dijo—. Pero no ha de ser nada; la sangre, sin duda, que anda medio alborotada en el agujero ese —y se sonrió.
Pero, volviendo maquinalmente la cabeza al otro lado, se encontró de pronto con Loulou.
Una contracción plegó su frente, sus ojos se oscurecieron en un resplandor sombrÃo, su rostro todo reflejó una expresión salvaje de crueldad:
—¿Y tú, qué haces aqu� Vete —exclamó.
Ella, balbuceante, titubeaba.
—¿Qué, no me oyes? —gritó furioso—. ¡Mándate mudar, te aborrezco!
Hice señas a Loulou que no lo contrariara, que fingiera obedecerle retirándose un instante.