Música sentimental
Música sentimental SerÃan las cinco y media de la tarde cuando el médico recetó y se fue.
Loulou comÃa sola en el comedor, mientras yo me habÃa quedado acompañando a Pablo:
—Parece que vamos reaccionando —le dije.
—¡Qué sé yo! Maldita la gracia que me hacen esas otras historias que se me andan paseando por el cuerpo como salpicaduras de la enfermedad.
—No le hablo de sus males. Su médico asegura que está usted bueno, para el caso, y que pronto lo va a dar de alta. Me referÃa a Loulou.
—¿A Loulou?
—¡SÃ, pues! ¿No me hace el favor de decirme qué vuelco es este? Antes, le quitaba al diablo para ponerla a ella. TenÃa usted agotado todo el repertorio de dicterios de la lengua, amén de los que no reza el diccionario. Vomitaba contra ella sapos y culebras y ahora, de sopetón, ¡sin decir agua va! siquiera, ¿resulta que la canoniza, que es nada menos que un ángel? ¡Óigale, el duro se dobla!
