Música sentimental
Música sentimental A pocos dÃas, una mañana estaba haciéndome la barba, cuando ocho o diez golpes fuertes y seguidos sonaron en la puerta de mi cuarto.
Era el portero de Pablo con una carta que decÃa asÃ:
Loulou se muere.
Mándeme al médico inmediatamente y venga usted.
Estoy desesperado.
—¡Malhaya sea con la gente impertinente esta, que ni morirse sabe sin jeringar al prójimo! —exclamé envainando con rabia la navaja.
Lo que no impide que, con media cara afeitada y la otra no, saliese muriendo, pescase al médico por casualidad en la puerta de su casa y lo enderezara a escape a lo de Pablo, donde caÃamos diez minutos después.
Desde la puerta de calle, oÃmos los gritos de Loulou retorciéndose como una condenada, presa de dolores espantosos.
Pablo, fuera de sÃ, caminaba de un lado a otro o, más bien, se arrastraba penosamente sobre sus piernas con el gesto azorado del que acaba de cometer un crimen, o se encuentra en presencia de una gran desgracia sucedida por su causa.
Él, tan bravo y tan hombre frente a la muerte, se desesperaba ahora amilanado y cobarde.
