Música sentimental
Música sentimental E interrumpiendo de pronto tamaño hatajo de disparates:
—¿Cuánto tiempo hace que conociste a Peterson? —pregunté a su amiga.
—Dos años.
—¿Dos años? Justo, esa es la cuenta… Pasan de seiscientos, amén de los que están por reventar —proseguà muy serio—, los retoños que Peterson ha echado al cabo de año y dos meses.
Hamacándose en la silla, el seno arqueado, los pies cruzados sobre el filo de la mesa, un cigarrillo en la boca, una copa de vino en la mano y todo el aire de quien dice: «¡No sea zonzo!», mi interlocutora, mirando los arabescos del techo, se puso a tararear por la nariz, mientras Blanca, tomando, por supuesto, la cosa a lo serio y lejos ya de su madre y de las trufas, empezó, muy sà señor, a discutirla conmigo:
—¡Imposible! —repetÃa—. Diez, quince, veinte, no digo que no. Pero seiscientos en catorce meses, eso no, no puede ser, no tiene tiempo.