Música sentimental
Música sentimental Las visitas de mi amigo empezaron a hacerse muy escasas; se me fue yendo, poco a poco, hasta que lo perdí de vista.
Cuando algo se debe al prójimo, un consejo que no se sigue, un servicio que se paga mal o plata que no se paga, es de humana ley sacarle el cuerpo como a las escondidas, no acordarse uno ya de dónde vive, doblar a la derecha cuando se le divisa a la izquierda, bajar los ojos y hacerse el replegado para que pase de largo o abrirlos tamaños con una mueca hipócrita de gusto, si es que, de manos a boca, tropieza uno con él y no hay más camino que amujar.
Dos palabras, entonces, fuera del tiesto, para salir de apuros, un pretexto idiota, un «¡Bueno, que le vaya bien!» y un reniego, en seguida, de dos cuadras contra la suerte canalla.
Eso sucede.
En cuanto a Pablo, me debía un consejo. ¿Era un ejemplo al caso?
Sí; lo supe después.
