Música sentimental
Música sentimental Estaba en el mismo lugar; seguÃa jugando:
—No insista, amigo, no sea chambón —le dije en voz baja, acercándome a él por detrás—. Mire que, cuando uno anda en la mala, es para peor encarnizarse. Deje que dé vuelta la suerte; levántese. No le ha de faltar tiempo después para desquitarse.
—¡Oh! Lo que juego no merece la pena. Arriesgo una miseria yo, nada más que por matar el tiempo —me contestó entre risueño, cortado y sorprendido, al encontrarse de manos a boca conmigo.
—Mucho o poco, es siempre cosa de zonzos eso de dejar que lo estén pelando a uno. Levántese, vamos a fumar un cigarro y a charlar un rato. Y bien, ¿qué diablos es de su vida? —proseguÃ, mientras ambos nos dirigÃamos al café—. Se me hizo usted humo en ParÃs y ni vivo, ni muerto.
—Es cierto, soy un sin vergüenza, un ingrato, pero ¡qué quiere! Andaba siempre con ganas de ir a verlo y el tiempo pasaba, entretanto y mi visita se quedaba en proyecto, cuando, un buen dÃa, alcé campamento y salà precipitadamente, con intención de recorrer la Italia. Fue un viaje improvisado, una idea del momento. ¿Pero, no recibió una cartita mÃa anunciándole mi partida y despidiéndome de usted?
—No.
—¡Es extraño!
