Sin rumbo
Sin rumbo ¿Qué rumbos habÃa seguido, qué rastros habÃa dejado, qué cosa habÃa hecho en toda su vida, buena, digna, noble, útil, sensata siquiera?…
Y hablaba de su hijo, de formarlo y educarlo… ¡Infeliz! El hecho sólo de tener por padre a un bellaco como era él, bastaba para hacer la desesperación y la desgracia de cualquiera…
Su situación de fortuna, el estado más difÃcil cada vez de sus recursos, recargando el cuadro de sombras negras, aumentaba la amargura de esas tristes horas de abstracción.
Él, que no se habÃa preocupado jamás de esas miserias, él que habÃa vivido habituado a ver en el dinero sólo un dócil instrumento de placer, que lo habÃa arrojado siempre a manos llenas, sin contar, se sublevaba ahora ante la idea de la pobreza, se la reprochaba como un crimen…
Pocos dÃas antes, por llenar sus compromisos haciendo honor a su palabra, cantidades perdidas al juego, noche a noche, en el Club, se habÃa visto en la necesidad de hipotecar su estancia, lo único que de su herencia le quedaba.
Sus gastos, sus carruajes, sus caballos, su querida regiamente mantenida por él, todo ese lujoso tren de vida, devoraba por otro lado fuertes sumas.
¡Un paso más, era la ruina, la miseria, el fin!…