Sin rumbo
Sin rumbo Asà que Andrés hubo hecho lo que el médico le decÃa, manteniendo éste abierta la boca de la niñita y apretándole la lengua con el Ãndice de la mano izquierda, empezó con la derecha a revolverle un pincel en la garganta.
Varias veces lo metió dentro de uno de los frascos, repitió otras tantas la operación, agachado, mirando, con pulso sereno y fijo, sin lástima, brutal, cruelmente.
Un lÃquido hediondo y viscoso, una bocanada de flemas sanguinolentas, salió al fin de la boca de Andrea en una arcada.
Terminada la curación, cuyo efecto inmediato fue una aparente tregua del mal, quiso el médico conocer lo que desde un principio habÃa sucedido, el precedente estado de salud de la chiquita, los sÃntomas que habÃa experimentado, si se le habÃa hecho algún remedio; y, una vez en posesión de estos datos, determinó el tratamiento, dio sus instrucciones a la tÃa, llegando a constituirse él mismo en enfermero.