Sin rumbo
Sin rumbo Varias veces habÃa hecho zafarrancho entre la gente:
—Pónganle el lazo a ése y métanle cuchillo en la verija a ver si se le quitan las cosquillas —ordenó Andrés caliente con el animal.
—¡Para mejor —agregó, dejándose caer al corral—, es más criollo que un zapallo y más feo que un viento de cara!
No bien oyó la orden de Andrés, sin hacérselo decir dos veces, Contreras castigó, cerró las piernas, revoleó y enlazó al toro de las astas.
Éste, furioso, se le fue encima, llegando a peinar de un bote la cola del caballo.
Luego, de revuelo, enderezó al grupo donde se encontraba Andrés, en ese instante de espaldas, hablando con Villalba.
Con toda intención el chino hizo pie echado sobre el pescuezo de su montura. El lazo, roto en el tirón, azotó el aire, pasó silbando como una bala:
—¡Guarda, patrón! —se apresuraron todos a gritar, cuando el toro, sobre Andrés, humillaba ya para envasarlo, pudiendo apenas éste trepar a los palos del corral, no sin antes tener partido el pantalón de una cornada:
—¿Por qué no le has dado lazo? Es ésta la segunda vez que tratas de madrugarme, canalla… ¡No te mato de asco! —exclamó Andrés trémulo de rabia.