Sin rumbo
Sin rumbo —¿Qué proyecto? —dijo Andrés maquinalmente arrancado a sus tristes reflexiones por la voz de su querida.
—¡Ah, pero un proyecto espléndido, magnÃfico!
Esa noche habÃa función, era el 25 de Mayo y por primera vez en el año se cantaba «Los Hugonotes».
Ella irÃa al teatro temprano: él por su lado irÃa también, entrarÃa y, antes de que encendieran las luces, se meterÃa en su palco sin ser visto.
—¿Y?
—Y, ¿no comprendes? Es bien sencillo, sin embargo, correré a darte mil besos, tendré la inmensa dicha de ser tuya un instante más, en secreto, entre las sombras, como dos enamorados que se aman por primera vez. ¡Qué buena farsa para los otros!… ¡Lástima, de veras, que no esté el teatro lleno! —agregó soltando el alegre estallido de una carcajada—. ¿No te parece original y tierno y poético a la vez?
—¡Uf!… —hizo él despacio.
Luego, en alta voz:
—Me parece simplemente un desatino.
—Un desatino… ¿y por qué? —se apresuró a protestar la artista volviendo de la pieza contigua y sentándose sobre el borde de la cama, junto a Andrés.
—Porque pudiendo vernos aquà libre y tranquilamente, no sé por qué nos tomarÃamos la molestia de ir a hacerlo en el teatro u otra parte.