Cartas a un amigo aleman
Cartas a un amigo aleman Nosotros teníamos mucho que dominar y, tal vez, para empezar, esa perpetua tentación que experimentamos de parecernos a ustedes. Porque siempre hay algo en nosotros que se deja llevar por el instinto, el desprecio a la inteligencia, el culto a la eficacia. Nuestras grandes virtudes terminan por hastiarnos. Nos avergüenza la inteligencia y a veces imaginamos alguna venturosa barbarie en la que la verdad surgiera sin esfuerzo. Pero, en lo que a eso atañe, la curación es fácil: ahí están ustedes para mostrarnos lo que ocurre con la imaginación, y nos enmendamos. Si creyera en algún fatalismo de la historia, pensaría que están ustedes junto a nosotros, ilotas de la inteligencia, para corregirnos. Renacemos entonces al espíritu, nos acomodamos a él.