Cartas a un amigo aleman
Cartas a un amigo aleman Ahora ya está. Nos ha sido preciso un largo rodeo, llevamos mucho retraso. Es el rodeo que el afán de verdad hace dar a la inteligencia, el afán de amistad sincera. Es el rodeo que ha salvaguardado la justicia, que ha puesto la verdad de parte de los que se interrogaban. Y, sin duda, lo hemos pagado muy caro. Lo hemos pagado en humillaciones y silencios, en amarguras, en cárceles, en madrugadas de ejecuciones, en abandonos, en separaciones, en hambres diarias, en niños consumidos, y más que nada, en penitencias forzosas. Pero era lo que correspondÃa. Hemos necesitado todo ese tiempo para saber si tenÃamos derecho a matar hombres, si nos estaba permitido contribuir a la atroz miseria de este mundo. Y ese tiempo perdido y recobrado, esa derrota aceptada y superada, esos escrúpulos pagados con sangre, son los que nos autorizan, a nosotros los franceses, a pensar hoy que habÃamos entrado en esta guerra con las manos puras —con la pureza de las vÃctimas y de los convencidos— y que saldremos de ella con las manos puras, con la pureza, en este caso, de una gran victoria ganada contra la injusticia y contra nosotros mismos.