Cronicas
Cronicas En nuestro número de ayer pudimos leer la valiente carta que el Rdo. P. Riquet, resistente y deportado, dirigió al señor Ramadier. Ignoro lo que los cristianos puedan pensar al respecto. Pero, por mi parte, no tendría la conciencia tranquila si dejara sin eco esa carta. Y me parece, por el contrario, que un incrédulo debe sentirse más obligado que nadie a expresar su indignación ante la incalificable actitud, en este asunto, de parte de nuestra prensa.
No me apetece justificar a nadie. Si es cierto que unos religiosos han conspirado contra el Estado, habrán de responder, en efecto, ante las leyes que este país se ha dado. Pero, por lo que sé, y hasta ahora, Francia nunca imaginó que la responsabilidad pudiera ser colectiva. Antes de denunciar a los conventos como nidos de asesinos y traidores, a la Iglesia entera como centro de un vasto y oscuro complot, nos hubiera gustado que los periodistas y los militantes de los partidos hicieran un esfuerzo de memoria.