El extranjero
El extranjero Los árabes avanzaban lentamente y estaban ya mucho más próximos. Nosotros no habÃamos cambiado nuestro paso, pero Raimundo dijo: «Si hay gresca, tú, Masson, tomas al segundo. Yo me encargo de mi individuo. Tú, Meursault, si llega otro, es para ti.» Dije: «Sû, y Masson metió las manos en los bolsillos. La arena recalentada me parecÃa roja ahora. Avanzábamos con paso parejo hacia los árabes. La distancia entre nosotros disminuyó regularmente. Cuando estuvimos a algunos pasos unos de otros, los árabes se detuvieron. Masson y yo habÃamos disminuido el paso. Raimundo fue directamente hacia el individuo. No pude oÃr bien lo que le dijo, pero el otro hizo ademán de darle un cabezazo. Raimundo golpeó entonces por primera vez y llamó en seguida a Masson. Masson fue hacia aquel que se le habÃa designado y golpeó dos veces con todas sus fuerzas. El otro se desplomó en el agua con la cara hacia el fondo y quedó algunos segundos asà mientras las burbujas rompÃan en la superficie en torno de su cabeza. Raimundo habÃa golpeado también al mismo tiempo y el otro tenÃa el rostro ensangrentado. Raimundo se volvió hacia mà y dijo: «Vas a ver lo que va a cobrar.» Le grité: «¡Cuidado! ¡Tiene cuchillo!.» Pero Raimundo tenÃa ya el brazo abierto y la boca tajeada.