El hombre rebelde
El hombre rebelde Esta aprobación superior, nacida de la abundancia y la plenitud, es la afirmación sin restricciones de la falta misma y del sufrimiento, del mal y del crimen, de cuanto tiene la existencia de problemático y de extraño. Nace de una voluntad decidida de ser lo que se es en un mundo que sea lo que es. «Considerarse a sà mismo como una fatalidad, no querer hacerse distinto de como se es…». La palabra está pronunciada. La ascesis nietzscheana nace del reconocimiento de la fatalidad, desemboca en una divinización de la fatalidad. El destino se hace tanto más adorable cuanto más implacable es. El dios moral, la piedad, el amor son otros tantos enemigos de la fatalidad a la que tratan de compensar. Nietzsche no quiere redención. La alegrÃa del devenir es la alegrÃa de la aniquilación. Sólo el individuo se abisma. El movimiento de rebeldÃa en que el hombre reivindicaba su ser propio desaparece en la sumisión absoluta del individuo al devenir. El amor fati sustituye lo que era un odium fati. «Todo individuo colabora con todo el ser cósmico, lo sepamos o no, lo queramos o no». El individuo se pierde asà en el destino de la especie y el movimiento eterno de los mundos. «Todo lo que ha sido es eterno, el mar lo devuelve a la orilla».