El hombre rebelde

El hombre rebelde

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se observará asimismo que no es en el rechazo nietzscheano de los ídolos donde el crimen halla su justificación, sino en la adhesión furibunda que corona la obra de Nietzsche. Decir que sí a todo supone que se dice que sí al crimen. Hay además dos maneras de consentir en el crimen. Si el esclavo dice que sí a todo, dice que sí a la existencia del amo y a su propio dolor. Jesucristo enseña la no resistencia. Si el amo dice que sí a todo, dice que sí a la esclavitud y al dolor de los otros: he aquí el tirano y la glorificación del crimen. «¿No es irrisorio que se crea en una ley sagrada, inquebrantable, no mentirás, no matarás, en una existencia cuyo carácter es la mentira perpetua, el crimen perpetuo?». En efecto, y la rebeldía metafísica en su primer movimiento era tan sólo la protesta contra la mentira y el crimen de la existencia. El sí nietzscheano, olvidadizo del no original, reniega de la rebeldía misma, al tiempo que reniega de la moral que rechaza el mundo tal cual es. Nietzsche reclamaba de todo corazón un César romano con el alma de Cristo. Era decir que sí al mismo tiempo al esclavo y al amo, en su espíritu. Pero, finalmente, decir que sí a los dos equivalía a santificar al más fuerte de ambos, o sea al amo. El César debía renunciar fatalmente a la dominación del espíritu para elegir el reino del hecho. «¿Cómo sacar partido del crimen?», se preguntaba Nietzsche, como buen profesor fiel a su método. El César debía contestar: multiplicándolo. «Cuando los fines son grandes —escribió Nietzsche para su desgracia—, la humanidad recurre a otra medida y no juzga ya el crimen como tal, aunque utilice los medios más espantosos». Murió en 1900, en la linde de un siglo en el que esta pretensión iba a resultar mortal. En vano había exclamado en la hora de la lucidez: «Es fácil hablar de toda clase de actos inmorales, pero ¿tendremos la fuerza de soportarlos? Por ejemplo, yo no podré tolerar faltar a mi palabra o matar: me consumiré, más o menos tiempo, pero eso me matará, tal sería mi suerte». A partir del momento en que se asumía la totalidad de la experiencia humana, otros podían venir, que, lejos de consumirse, se reforzarían en la mentira y el crimen. La responsabilidad de Nietzsche fue haber legitimado, por razones superiores de método, aunque sólo fuera un instante, en el polo de su pensamiento, ese derecho al deshonor del que ya decía Dostoyevski que estamos siempre seguros, al ofrecérselo a los hombres, de verlos precipitarse hacia él. Pero su responsabilidad involuntaria va más lejos aún.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker