El hombre rebelde

El hombre rebelde

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La filosofía seculariza el ideal. Pero vienen los tiranos y no tardan en secularizar las filosofías que les dan derecho a hacerlo. Nietzsche había adivinado ya esta colonización a propósito de Hegel cuya originalidad, según él, fue inventar un panteísmo en el que el mal, el error y el sufrimiento no puedan servir ya de argumento contra la divinidad. «Pero el Estado, los poderes fácticos han utilizado inmediatamente esta iniciativa grandiosa». Él mismo, sin embargo, había imaginado un sistema en el que el crimen ya no podía servir de argumento contra nada y en el que el único valor residía en la divinidad del hombre. Esta iniciativa grandiosa requería también ser utilizada. En este sentido, el nacionalsocialismo no es más que un heredero de paso, el resultado rabioso y espectacular del nihilismo. Más lógicos y ambiciosos serán los que, corrigiendo a Nietzsche con Marx, optarán por no decir que sí más que a la historia y ya no a la creación entera. El hombre en rebeldía al que Nietzsche arrodillaba ante el cosmos será arrodillado en lo sucesivo ante la historia. ¿Qué tiene eso de extraño? Nietzsche, al menos, en su teoría de la superhumanidad, Marx, antes que él con la sociedad sin clases, sustituían, ambos, el más allá por el más tarde. En esto, Nietzsche traicionaba a los griegos y a la enseñanza de Jesucristo que, según él, sustituían el más allá por el enseguida. Marx, como Nietzsche, pensaba estratégicamente, como él odiaba la virtud formal. Sus dos rebeldías que acaban igualmente en la adhesión a cierto aspecto de la realidad se fundirán en el marxismo-leninismo y se encarnarán en esa casta, de la que ya hablaba Nietzsche, que debía «sustituir al sacerdote, al educador, al médico». La diferencia, capital, era que Nietzsche, mientras esperaba al superhombre, proponía que se dijera que sí a lo que es y Marx a lo que deviene. Para Marx, la naturaleza es lo que se subyuga para obedecer a la historia; para Nietzsche aquello a que se obedece, para subyugar a la historia. Es la diferencia entre el cristiano y el griego. Nietzsche, por lo menos, previó lo que iba a ocurrir: «El socialismo moderno tiende a crear una forma de jesuitismo secular, a hacer de todos los hombres instrumentos»; y también: «Lo que se desea es el bienestar […] En consecuencia se va hacia una esclavitud espiritual tal como nunca se ha visto […] El cesarismo intelectual planea por encima de toda la actividad de los negociantes y los filósofos». Pasada por el crisol de la filosofía nietzscheana, la rebeldía, en su locura de libertad, desemboca en el cesarismo biológico o histórico. El no absoluto había impulsado a Stirner a divinizar el crimen al mismo tiempo que al propio hombre. El marxismo-leninismo tomó realmente por su cuenta la voluntad de Nietzsche, mediante la ignorancia de algunas virtudes nietzscheanas. El gran rebelde crea entonces con sus propias manos, y para encerrarse en él, el reino implacable de la necesidad. Huido de la prisión de Dios, su primera preocupación estribará en construir la prisión de la historia y de la razón, acabando así el camuflaje y la consagración de aquel nihilismo que Nietzsche pretendió vencer.


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