El hombre rebelde
El hombre rebelde Para André Breton, la totalidad no podía ser más que una etapa, necesaria quizás, pero, sin duda alguna, insuficiente, en el camino de la unidad. Volvemos a encontrar aquí el tema del Todo o Nada. El surrealismo tiende a lo universal, y el reproche curioso, pero profundo, que hace Breton a Marx consiste en decir precisamente que éste no es universal. Los surrealistas querían conciliar el «transformar el mundo» de Marx y el «cambiar la vida» de Rimbaud. Pero el primero lleva a conquistar la totalidad del mundo y el segundo a conquistar la unidad de la vida. Paradójicamente, toda totalidad es restrictiva. Finalmente, las dos fórmulas dividieron el grupo. Eligiendo a Rimbaud, Breton demostró que el surrealismo no era acción, sino ascesis y experiencia espiritual. Puso de nuevo en primer plano lo que constituía la originalidad profunda de su movimiento, aquello por lo cual resulta tan valioso para una reflexión sobre la rebeldía, la restauración de lo sagrado y la conquista de la unidad. Cuanto más ahondó en esta originalidad, más irremediablemente se separó de sus compañeros políticos, al mismo tiempo que de algunas de sus primeras propuestas.