El hombre rebelde
El hombre rebelde No es eso todo. El mundo actual no puede ser ya, según toda apariencia, más que un mundo de amos y esclavos, porque las ideologÃas contemporáneas, las que modifican la faz del mundo, han aprendido de Hegel a pensar la historia en función de la dialéctica dominio y esclavitud. Si bajo el cielo desierto, en la primera mañana del mundo, no hay más que un amo y un esclavo; si, incluso, del dios trascendente a los hombres, no hay más que un lazo de amo a esclavo, no puede haber otra ley en el mundo que la de la fuerza. Únicamente un dios, o un principio por encima del amo y el esclavo, podÃan interponerse hasta entonces y hacer que la historia de los hombres no se resumiera tan sólo en la historia de sus victorias o de sus derrotas. El esfuerzo de Hegel, y posteriormente de los hegelianos, ha consistido por el contrario en destruir cada vez más toda trascendencia y toda nostalgia de la trascendencia. Aunque hay infinitamente más en Hegel que en los hegelianos de izquierda que, finalmente, le han vencido, proporciona, no obstante, a nivel de la dialéctica del amo y el esclavo, la justificación decisiva del espÃritu de poder en el siglo XX. El vencedor tiene siempre razón; es ésta una de las lecciones que se puede sacar del mayor sistema alemán del siglo XIX. Por supuesto, hay en el prodigioso edificio hegeliano elementos que permiten contradecir parcialmente estos datos. Pero la ideologÃa del siglo XX no se relaciona con lo que impropiamente se llama el idealismo del maestro de Jena. El rostro de Hegel, que reaparece en el comunismo ruso, ha sido remodelado sucesivamente por David Strauss, Bruno Bauer, Feuerbach, Marx y toda la izquierda hegeliana. Sólo él nos interesa aquÃ, puesto que sólo él ha pesado en la historia de nuestro tiempo. Si Nietzsche y Hegel sirven de coartada a los maestros de Dachau y de Karaganda[20], ello no condena toda su filosofÃa. Pero hace sospechar que un aspecto de sus pensamientos, o de su lógica, podÃa llevar a esos terribles confines.